Juventud, del latín iuventus. La RAE la define como la edad que se sitúa entre la infancia y la adultez. La Organización de las Naciones Unidas (ONU) ha definido a la juventud como el periodo que va de los 15 a los 25 años, aunque no existen límites precisos. Pero, ¿son correctas estas definiciones de juventud? En mi opinión no.
Cuando hablamos de juventud normalmente lo asociamos con esos jóvenes que no hacen otra cosa más que ver la televisión, estar en el ordenador o hacer el famoso “botellón”. Esto no es así, únicamente nos estamos centrando en una pequeña parte de este grupo. ¿Por qué no hablamos de juventud incluyendo a esas personas que colaboran con la sociedad, que quieren cambiar el mundo y lograr un futuro mejor; aquellos que realizan actividades de voluntariado, que sueñan con llegar a ser grandes personas y desarrollarse plenamente? ¿Por qué? La respuesta es sencilla, en nuestra sociedad sólo vemos la parte negativa de las cosas. Es cierto que, en ocasiones, nos falta responsabilidad, que somos indecisos, que nos dejamos arrastrar por la mayoría pero, ¿Quién no ha pasado eso durante su adolescencia? Está claro que no somos tan maduros como un adulto,
No todo es blanco o negro. Claro que nadie es perfecto pero ¿por qué generalizar y hablar del famosos “problema de la juventud”? el gran misterio por resolver pero que nadie resuelve… ¿Por qué en su lugar no hablamos de “la gran virtud” de la juventud? Eso sería dar una esperanza y una motivación a toda esa gente que quiere luchar y desarrollarse plenamente y que simplemente se les incluye en un grupo por tener cierta edad. Se debería motivar a los jóvenes, decirles lo importantes que son para la sociedad pues, al fin y al cabo serán quienes sigan adelante con ella, darles apoyo, medios, recursos… no simplemente decir: “ Tenéis un problema, apañároslas”
Los jóvenes somos el futuro, somos el motor de la sociedad y podemos hacer muchísimo por ella, pero solo si se nos deja. Claro que siempre va a haber gente que pase del tema, pero no por ello debemos incluirnos a todos en el. Tal vez si abriésemos un poco más los ojos veríamos la infinitud de jóvenes que está luchando por la sociedad. Tan solo hemos de fijarnos en jornadas como la reciente JMJ. ¿Acaso no había miles de jóvenes demostrando que son todo un ejemplo a seguir? O fijarnos en pequeños detalles de la vida cotidiana, como los scouts, los voluntarios, los que cuidan a ancianos, los que estudian y luchan por un fututo mejor… Pero ahí está la cuestión: “no es ciego el que no ve sino el que no quiere ver”.

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